Lo veo, lo quiero… lo compro

Lo veo, lo quiero… lo compro

Siempre lo digo: cada gasto, por más pequeño que sea, cuenta. C$20 córdobas por aquí para la gaseosa de la tarde, o para los chicles después del almuerzo; C$50 córdobas por allá para los cigarros o el café…. y dos semanas después no sabemos qué pasó con la quincena.

Pues bien, cada salida de dinero que hacemos implica, de alguna manera, una decisión de compra. Y lo que esto quiere decir es que, literalmente, tenemos la posibilidad de DE-CI-DIR.

Me gusta aclararlo porque como humanos, es muy fácil acostumbrarnos a lo bueno, y es ridículamente sencillo convertir cualquier acción en hábito… un hábito que no necesariamente nos conviene.

De esta manera, si vos te acostumbrás a comprar X o Y en el súper cada vez que vas, difícilmente lo cuestionarás aun en momentos de crisis financiera y lo considerarás automáticamente como algo necesario, algo que debés llevar sí o sí.

Si las primeras 3 quincenas que te pagan, lo primero que hacés es ir a comprarte algo como premio por lo trabajado, porque “te lo merecés”, lo más probable es que pasen 20-25 años y vos sigás celebrando (mal gastando) ese pago por hábito. Y, pues, ¿cuántas cosas más pudiste haber hecho con ese dinero?

La buena noticia es que, así como cada uno de esos gastos va sumando, igual lo hará si los convertimos en ahorro. El secreto está en dejar de comprar compulsivamente, y empezar a comprar inteligentemente. Aquí te dejo siete consejos para dejar de gastar sin pensar:

1. Dejá de usar tu tarjeta de débito y/o crédito para tus gastos menores, y cargá sólo el dinero exacto para cada día. Hace muchos años a mí me pasaba  que no me daba cuenta de lo mucho que gastaba en “tonterías” porque para todo firmaba y la “tarjeta aguanta”. Al pagar en efectivo, tenemos más conciencia del dinero que realmente estamos gastando. Así que decidí de antemano cuánto vas a manejar como dinero de bolsillo y cargá sólo ese monto con vos. Cuando se acaba, se acaba.

2. Tené claro dónde vas a poner cada córdoba que te paguen. No esperés hasta el fin del mes para ahorrar “lo que me sobre”, porque no te va a sobrar nada. Si lo primero que hacés en cuanto tenés tu salario es pagar tus cuentas y ahorrar el dinero que tenés planificado (proponete llegar a ahorrar el 10% de tus ingresos), vas a estar menos tentado a gastártelo después. Repito, decidí de antemano cuánto vas a manejar como dinero de bolsillo.

3. Andá a las tiendas lo menos posible. Seamos realistas: muchas veces terminamos comprando cosas que no necesitamos sólo porque fuimos a una tienda y nos gustó. Entre menos nos acerquemos a ellas, menos tentación encontraremos y menos gastaremos. En lugar de ir “a mirar que hay” (o de “window shopping” como dice una muy querida amiga mía) lo cual casi siempre termina en una compra real -y probablemente innecesaria-, leé un buen libro, visitá a un amigo, paseá a tu perro o practicá un deporte (¿no te gusta correr?) o pasatiempo de tu preferencia.

4. No comprés inmediatamente. Date un par de días para pensar si realmente lo necesitás. Existe una gran diferencia entre querer y necesitar. En esta época de consumismo, lo usual es que compremos algo porque lo queremos, no porque realmente lo necesitemos. Así que si ves algo que “necesitás” y sentís el impulso instantáneo de comprarlo…. Pensalo.

5. Al ir de compras –especialmente al supermercado- llevá una lista. Además de impedirte comprar cosas que no necesitás, te ayudará a no olvidar las cosas que SÍ necesitás.  Recordá que entre más seguido vayas al súper, más vas a comprar. ¡Ah! Y consejo sano: no vayás con hambre, pues te querrás llevar todo lo que veás.

6. Cuando necesités algo, buscá alternativas a la compra. ¿Es algo que podrías alquilar o pedir prestado? ¿Podrías comprarlo usado? ¿Lo podés sustituir con algo más que ya tenés? ¿Podés prescindir de ello? Aunque comprar algo que necesitás, puede no parecer un impulso, para muchos la idea de “necesidad” está lejos de la realidad.

7. Adquirí el hábito de limpiar/ordenar/desocupar tu casa y tu clóset con frecuencia. Esto te va a permitir ver cuántas de las cosas que has comprado terminaron metidas en el clóset después de usarlas una vez, o – pero aún- nunca.

Decile adiós a la “gastitis aguda” y empezá a ahorrar ;).

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