El Presupuesto: La base de una vida financiera sana

El Presupuesto: La base de una vida financiera sana

A la mayoría de las personas les genera incomodidad pensar en la palabra presupuesto. Algunas lo asocian con algo aburrido, un documento tedioso o complicado, como si fuera una limitante, casi una soga al cuello. Otras lo relacionan con personas adineradas o de pocos ingresos.

La realidad es que el presupuesto es para todos y, lejos de hacernos sentir controlados o restringidos, esta herramienta nos va a servir precisamente para alcanzar nuestras metas de forma ordenada. El presupuesto no es más que un plan en el que cada uno decide cómo y en qué va a gastar su dinero.

No importa si querés salir de deudas, comprar una casa, ahorrar para irte de viaje o simplemente no sentirte “coyol quebrado, coyol comido”; el presupuesto te va a ayudar y mucho. En síntesis, este plan es la base de una vida financiera sana.

Para qué hacerlo

¿Cuántas veces te ha pasado que faltan 3 días para la siguiente quincena y no solo ya no tenés dinero, sino que además no sabés dónde se fue? Este escenario, seguramente repetido una y otra vez, podría evitarse con un presupuesto pues ahí definirías de antemano en qué gastar tu dinero y cuánto destinarás a cada rubro.

Al elaborar tu plan de ingresos y gastos, y al llevar su respectivo control, vas a poder: 

i) identificar esos gastos extras que son claves para no incurrir en deudas,

 ii) modificar tu estilo de vida rápidamente si tu situación económica cambia y 

iii) lograr tus objetivos financieros.

Si examinaras con cierta regularidad cómo se componen tus rubros de gastos y en qué se va tu dinero, podrías sorprenderte. Este proceso es esencial para darte de cuenta de cómo cada pequeño gasto va sumando.

Muchas veces, cuando evaluamos nuestros gastos, nos enfocamos nada más en los rubros grandes y /o fijos  -renta, comida, servicios básicos, etc.- y no en los pequeños. ¡Es ahí donde se va tu dinero! En el café de las tardes, en la repostería día de por medio, en la mesada entregada a los hijos y en membresías que no usás pero pagás.

Crear un presupuesto disminuye tus niveles de estrés porque hay menos sorpresas. ¿Problemas inesperados con tu carro? ¿La universidad de tus hijos? ¿Las vacaciones soñadas con los amigos? Con tu plan de gastos no tenés que preocuparte o preguntarte si tenés el dinero para hacerlo. ¡Ya lo sabés porque lo planificaste.! Al final, todos tenemos recursos limitados y debemos dirigir nuestro dinero hacia aquello que más nos importa y más felicidad nos trae.

Cómo se hace

No debés complicarte la vida al realizar tu presupuesto, los dos rubros más importantes son:

  • Los ingresos: o sea cuánto ganás mensualmente, ya sea en un trabajo, por tu cuenta, con un negocio, una pensión y/o con la renta de bienes.
  • Los egresos: es decir, en qué decidís gastar ese dinero.

Es muy útil ver tus ingresos y gastos anualmente, dividido por meses, pues aunque hay gastos fijos, existen otros que no se tienen cada mes.

Uno de los errores más comunes es no incluir todos los gastos. Para que esto no te suceda, revisá de manera disciplinada y periódica tus estados de cuenta de la tarjeta de crédito y débito, así como recibos y facturas de los meses anteriores. Solo así podrás saber cuánto y en qué gastás realmente.

Si  tenés certeza de un gasto, pero no contás con el monto exacto para verificarlo, da tu mejor aproximado pero no dejés de incluirlo. Así mismo, agregá todo el dinero que recibirás a lo largo del año… ¡venga de donde venga y sin menospreciar ningún monto! Si tu ingreso es variable, hacé un estimado basándote en el año pasado.

Puede ser que tus gastos resulten mayores a tus ingresos. Si es así, toca recortar. Al hacerlo, dale prioridad a lo importante, aquello imprescindible para vivir. Cuando lo tengás cubierto podrás darle entrada a tus pequeños gustos. Al final, la vida es para disfrutarla responsablemente.

Con el tiempo, tu disciplina y teniendo metas claras podrás tener una relación productiva con el presupuesto. No olvidés dejar un monto separado para el ahorro. Hay muchas razones que lo justifican: un fondo de emergencia, la prima de una casa, educación y la más importante: para cuando estemos viejitos, la jubilación. No necesitás más razones para comenzar con a presupuestar. ¿Te animás?

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