“Huérfanos de Brooklyn”

Lionel Essrog (Edward Norton), un solitario detective privado con síndrome de Tourette, se aventura a resolver el asesinato de su mentor y único amigo, Frank Minna (Bruce Willis). Con tan sólo algunas pistas, y el motor de su mente obsesiva, Lionel descubre secretos muy bien guardados que pueden cambiar el futuro ba lance de Nueva York. En un misterio que lo lleva de los clubes de jazz del Harlem, llenos de ginebra, a los barrios bajos de Brooklyn y, finalmente, a las doradas cúpulas del poder de Nueva York, Lionel lucha contra matones, corrupción, y contra el hombre más peligroso de la ciudad, para honrar a su amigo, y salvar a la mujer que quizá sea su propia salvación.

La música juega un papel importante para establecer el tono y el periodo de “Huérfanos de Brooklyn”. La banda sonora es del compositor Daniel Pemberton.

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REPARTO

EDWARD NORTON (Lionel Essrog)

Director, escritor, productor

BRUCE WILLIS

(Frank Minna)

GUGU MBATHA-RAW

(Laura Rose)

ALEC BALDWIN

(Moses Randolph)

WILLEM DAFOE

(Paul)

ACERCA DE LA PRODUCCIÓN

   “Oh, es excelente tener la fuerza de un gigante,  pero es una tiranía utilizarla como un gigante”.

–William Shakespeare

 

El corazón del misterio de investigación privada meticulosamente desarrollado por Edward Norton, es el original y conmovedor estribillo del cine negro de detectives: un hombre impulsado hacia las sombras más oscuras de la ciudad de Nueva York de 1957, por la necesidad de comprender un mundo que lo ha convertido en un marginado incomprendido. Él es Lionel Essrog, cuyo cerebro sobreestimulado parecería excluirlo de los reinos de los detectives clásicos de lo suave y el sinsentido. Pero al hacer a Lionel el héroe de una historia sobre poder y despojo, Norton le da la vuelta a un personaje duro e integral del cine estadounidense, y lo reinventa a través de un emotivo prisma de caos, necesidad y vulnerabilidad.

Cuando Lionel intenta encontrar al asesino del único hombre que se ha preocupado por él, su jefe Frank Minna, se ve atraído a las profundidades de la ciudad que lo hicieron. Su necesidad de crear orden del caos, de arreglar lo que no funciona, lo lleva al marco estructural que sostiene a la Nueva York moderna, y al visionario, y corrupto, reino de los hombres que dirigieron su ascenso de mediados de siglo. Su búsqueda por justicia se convierte en una odisea épica: una que lo lleva a las fuerzas atemporales no sólo de la ambición, la avaricia, la intolerancia y el encanto oscuro del poder, sino también de las fuerzas gratificantes de la música y las conexiones emocionales.

Hace casi dos décadas, Norton leyó por primera vez la ingeniosa y genéricamente flexible novela Motherless Brooklyn de Jonathan Lethem, y se enamoró de su energético y altamente improbable narrador. Lionel puede decir de sí mismo que es “raro”, pero Norton vio en él el viaje universalmente humano de intentar entender quién es, y cómo puede sobreponerse a un mundo caótico.

“Me conmovió mucho este niño huérfano que creció en las calles ruines de Brooklyn, quien padece síndrome de Tourette y trastorno obsesivo compulsivo; sin embargo, también es increíblemente inteligente, y tiene una forma irresistible de ver el mundo”, dice Norton. “Había un lado muy positivo en la personalidad obsesiva de Lionel, que es que retiene información, como él dice, como ‘vidrio en el cerebro’. Lionel no puede dejar las cosas, no puede no seguir un hilo, no puede dejar de pensar en cosas que aún no cuadran. Así que, como detective, tiene un impulso implacable por entender qué sucede a su alrededor, el cual me pareció emocionante y conmovedor”.

Norton continúa: “Jonathan creó un personaje que es al mismo tiempo simpático y profundo, a quien instintivamente esperas que le vaya bien porque puedes ver a través de él. Siempre me han atraído los personajes vulnerables, y me enamoré de Lionel por ser una especie de héroe vulnerable”.

Sin embargo, así como Lionel siente en su mente la necesidad de separar todo lo que le es más significativo, también Norton sintió una gran atracción por jugar con el personaje que lo tenía fascinado.

Norton no pudo evitar hacer algo que sabía que rompía todas las reglas: imaginó poner a Lionel en una línea temporal y series de eventos totalmente diferentes de las del libro. Al mismo tiempo, Norton quería mantener a Lionel como un niño huérfano de Brooklyn, un detective tras el rastro del asesino de su mentor, un virtuoso verbal y un hombre profundamente sintonizado con los misterios y las explosiones de la mente humana. Quería que la película, como el libro, fuera al mismo tiempo un homenaje al cine negro, y una sincera carta de amor a Nueva York, con todas sus aspiraciones y caos: de hecho, quería que ésta fuera la idea principal.

Cuando Norton se acercó a Lethem con su idea radical de llevar a un territorio nuevo al narrador de su aclamada novela, sabía que existía la posibilidad real de que Lethem se horrorizara. Al poner sus cartas sobre la mesa, Norton le dijo a Lethem de forma directa que, aunque tenía la intención de serle fiel al espíritu de Lionel, quería cambiar la trama por completo.

Como se vio después, Lethem estaba abierto a la idea. Incluso mejor: estaba intrigado.

“La novela es contemporánea de los 90. Pero los personajes tienen un aire de los 50: hablan y actual como hombres de esa época”, señala Norton. “Esto funciona muy bien a un nivel literario, pero fui muy honesto con Jonathan con respecto a que sentía que en una película podría sentirse irónico si hubiera chicos en nuestra época hablando como detectives del cine negro. Por fortuna, Jonathan estuvo de acuerdo. Dijo que, para él, la trama siempre fue secundaria al personaje, y que si quería mandar a Lionel a otra aventura, él estaría de acuerdo”.

Norton ya sabía exactamente a dónde quería llevar a Lionel. “Siempre me ha interesado lo que pasaba “detrás de cámaras” en el desarrollo de Nueva York de finales de la década de los 50, cuando la vieja Nueva York se convirtió en una ciudad moderna”, explica. “Se sentía como un lugar con mucha energía para llevar a Lionel. Por fortuna, Jonathan es un estudioso de Nueva York tan apasionado como lo soy yo, y entendió perfectamente lo que yo quería hacer; no pude haber sido más afortunado”.

A pesar de sentirse afortunado, Norton no podía forzar el proceso. Requería de una investigación exhaustiva, pero también de un aparejamiento polifónico y complicado de la historia con una creación ficticia. Norton trabajó intermitentemente en el guion durante una década, y luego lucho varios años más para traerlo a la pantalla. Durante ese mismo periodo, obtendría fama por un amplio rango de papeles, desde “Fight Club” y “25th Hour”, hasta “The Illusionist”, “Moonrise Kingdom” y “Birdman”, además de su debut como director con la comedia romántica “Keeping the Faith”.

Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, los temas de la historia resonaban con inquietudes sociales y políticas que hervían a fuego lento bajo la superficie de la cultura estadounidense. Para cuando la producción comenzó, la Nueva York de 1957 de la película —esa bifurcación en el camino cuando se tomaban decisiones entre la ambición desenfrenada y una ciudad más justa— parecía un reflejo de nuestra época.

Conforme fue labrando la nueva historia de Lionel, Norton dejó que la búsqueda del asesino de Frank Minna lo llevara más y más adentro en el laberinto de una ciudad que entonces forjaba tanto su belleza magnánima, como la tendencia subyacente a la desigualdad que continúa hasta el día de hoy.

Norton lleva a Lionel a los bares de jazz, llenos de humo de cigarro, donde encuentra algo que atraviesa sus pensamientos y llega a su alma.

Pero también convirtió la búsqueda de Lionel del asesino de Frank Minna, en una confrontación con un gigante: Moses Randolph, el ambicioso urbanista que está reconstruyendo la ciudad, interpretado por Alec Baldwin. Lionel descubre en Randolph un nivel de crimen superior a lo que Minna le enseñó posible: descubre corrupción, descriminalización y la destrucción al por mayor de colonias completas, la cual sucede en plena luz del día, conforme la ciudad crece, beneficiando a algunos pocos, y afectando devastadoramente a muchos otros.

En un giro del famoso dicho de Balzac, “toda gran fortuna se crea sobre un crimen”, Norton empezó a pensar en la idea de que “toda gran ciudad se crea sobre un crimen”. Si el crimen original de Los Ángeles fue el robo de agua, necesaria para el crecimiento, entonces el crimen original de Nueva York fue construir su inmensa infraestructura en un cimiento de negocios sucios, sesgos raciales, y la imposición de un poder autoritario que parecía frustrar los principios democráticos.

Los problemas de vivienda siempre han estado, en cierto sentido, en la sangre de Norton. Su abuelo materno, James Rouse, fue un urbanista progresista y filántropo, defensor y filósofo temprano de la renovación urbana. Rouse convirtió sus ideas más audaces sobre cómo las ciudades debían mejorar la vida humana cotidiana y las relaciones sociales, en un lugar real: Columbia, Maryland, se construyó como una comunidad contenida, diseñada estratégicamente para acoger la igualdad económica, racial y social. Más tarde, Rouse creó la fundación The Enterprise Foundation, una sociedad sin fines de lucro que ha defendido diferentes vecindarios de familias de ingresos bajos y moderados, desde 1982.

Norton creció en Columbia, la ciudad que su abuelo imaginó y construyó. Tras estudiar historia en Yale, y antes de dedicarse a la actuación, pasó varios años trabajando en desarrollos habitacionales de bajo costo. También es administrador de planta de la fundación The Enterprise Foundation.

Así pues, Norton disfrutó la oportunidad de darle vida a un urbanista arrogante, insaciable, sinvergüenza y sesgado, que representa todo lo que Rouse rechazaba. A pesar de que Randolph nunca existió, está basado en el carácter distintivo de los agentes del poder de Nueva York de mediados del siglo XX, y parece una mezcla de personajes históricos de la ciudad, y especialmente del famoso Robert Moses.

Conocido también como el “constructor maestro” del próspero siglo XX, Robert Moses ayudó a darle forma a la Nueva York de hoy en día. Él apoyó la creación de cientos de kilómetros de caminos, puentes y carreteras, y construyó miles de hectáreas de parques, playas y áreas de juego. Erigió 150,000 unidades habitacionales, además de que desarrolló sitios de referencia, como el Lincoln Center, la sede de las Naciones Unidas, y el zoológico de Central Park. En su época, Moses fue considerado como un hombre de acción que centró el futuro de la ciudad con grandes ideas y crecimiento constante.

Pero tras bastidores, Moses también acumuló tanto poder que, esencialmente, controlaba un gobierno fantasma no oficial, reforzado con técnicas de mano dura, propaganda de autopromoción, y acuerdos de trastienda. Mientras tanto, su trabajo público propició el desalojo y desarraigo de medio millón de ciudadanos de bajos recursos que se interponían en su camino. Vecindarios enteros fueron arrasados, mientras Moses forjaba un modelo elitista de la ciudad que ayudaba a atrincherar la pobreza mientras fomentaba la desigualdad y la discordia. Incluso se decía que Moses había ordenado a los ingenieros bajar los puentes del Southern State Parkway de Long Island para evitar que los autobuses que transportaban a las minorías llegaran a las playas.

“La historia de cómo la vieja Nueva York se convirtió en una ciudad moderna, es una muy profunda y oscura”, opina Norton. “Hay muchos libros y documentales geniales sobre esa época, pero no se ha explorado a profundidad en el cine. Solemos pensar que el apogeo de la democracia estadounidense fue a mediados del siglo XX, pero lo que se ocultaba bajo la alfombra es que el racismo institucionalizado estaba incorporado a la planeación urbana de Nueva York y otros lugares. La verdad es que muchas cosas que pasaron en la ciudad se lograron mediante métodos que diferían fundamentalmente con el compromiso estadounidense de un liderazgo democrático y, de hecho, estaba muy cerca de ser una autocracia. En muchos sentidos, proyectos de puentes, caminos y viviendas fueron para Nueva York lo que el agua fue para Los Ángeles: lo que le dio vida, pero también un contenedor para los secretos oscuros de la ciudad”.

Aunque Lionel está profundamente familiarizado con las injusticias de la vida, enfrentarse con toda la extensión de la corrupción sistémica en el corazón de su hogar, lo paraliza.

Sin embargo, una de las características más interesantes de este personaje es que Lionel es demasiado realista como para luchar contra molinos de viento. Está totalmente enfocado en su propio objetivo, aunque más pequeño y personal: ajustar cuentas con Moses Randolph, sin importar qué tan grande o imperioso sea, en nombre de Frank Minna.

“Nunca hemos visto una historia de detectives con un personaje como Lionel Essrog”, dice Bill Migliore, productor de “Huérfanos de Brooklyn”, en conjunto con Norton, Michael Bederman, Gigi Pritzker y Rachel Shane. “Pero Lionel también es parte de una enorme tradición de películas sobre personas cuya aflicción también es su más grande don. Traer este increíble y especial personaje, que no tiene a nadie, a una historia que también aborda problemas de clase, raza, abuso del poder y la historia de Nueva York, no sólo es original, sino también muy relevante para nuestros tiempos: tiempos en los que tantas personas se sienten privadas de sus derechos y de su poder”.

Michael Bederman agrega: “En su núcleo, esta historia es sobre un hombre que intenta recuperar su vida después de un suceso traumático en el que su mejor amigo es asesinado. Cuando se enfrenta a la mala conducta gubernamental, Lionel se da cuenta de que no puede derribar todo el sistema. Lo que puede intentar hacer es ayudar a aquellos que le son importantes. A veces fracasamos en los grandes retos, pero tenemos éxito en dar pequeños y vitales pasos hacia delante”.

Incluso conforme Lionel desciende a las capas húmedas y brumosas de la ciudad, descubre algo que le da un escape de las agotadoras excursiones de su mente: una conexión afectuosa con una mujer que no intenta cambiarlo. Lionel nunca antes ha experimentado el ser tocado, visto, amado. Norton quería que éste se convirtiera en uno de sus pequeños pero alentadores triunfos, mientras investiga un misterio más grande.

“Lionel tiene la necesidad y el deseo de relacionarse. Siempre se ha sentido invisible, porque la gente no ve más allá del prisma de su condición. Así, el personaje de Laura Rose, hermosamente interpretado por Gugu Mbatha-Raw, se convierte en el centro emocional de la historia”, dice Norton. “Ella es quien expresa esta idea de que, este mundo, todos necesitamos a alguien que vea por nosotros”.

Laura es quien guía a Lionel hacia otro descubrimiento que le abre una nueva dimensión: las disyuntivas pero electrizantes maravillas del jazz y de su cultura.

“Si hay una expresión musical que semeje lo improvisado, salvaje y hermoso que puede ser el lenguaje de quien vive con síndrome de Tourette, es el jazz, y especialmente el hard bop, así que me gustó la idea de que Lionel hallara el camino hacia ese mundo”, dice Norton. “De algún modo, lo libera la música, que, como su mente, es anárquica y caótica, pero también maravillosa y hermosa”.

El brío y la espontaneidad del jazz seducen a Lionel y lo llevan a otro lado de la ciudad, una que existe en los huecos sombríos debajo de los gloriosos rascacielos que obsesionan a Moses Randolph.

Más tarde, la música de la película vería a Norton reunir a un trío extraordinariamente inusual, que se convirtió en la clave sonora de la atmósfera de la película, la cual está guiada por el estado de ánimo. Para la música, el compositor Daniel Pemberton haría una fusión de la libertad del jazz, con sonidos electrónicos que hacen eco de los pensamientos recurrentes en la mente de Lionel. El amigo de Norton y trompetista icónico del jazz, Wynton Marsalis, se uniría a la producción tras bastidores para tocar en una banda de estrellas para las escenas del club de la película. Luego, otro amigo de toda la vida, el cantante, músico y compositor Thom Yorke, escribió una canción original para la película (con la participación de Flea, de Red Hot Chili Peppers), la cual posteriormente se retomó en un estribillo con estilo jazz, interpretado por Marsalis.

“La música de la película se convirtió no sólo en un modo de llegar al periodo temporal y a la historia de los clubes de Nueva York, sino también en un camino emocionalmente visceral a la vida privada de Lionel”, resume Norton.

Conforme Norton preparaba para el cine la historia que había vivido en su mente durante casi dos décadas, elegir al reparto se volvió esencial. Los personajes tenían tantos colores, que requerían algo especial. Pero, además, Norton sabía que necesitaba un elenco estrella si iba llevar a cabo la hazaña de interpretar a Lionel, mientras dirigía y producía un filme de alcance y escala profundamente detallados.

“Dirigir una película es, casi por definición, antagónico al estado mental que se busca como actor”, señala Norton. “Para actuar, necesitas estar fuera de ti mismo, y cuando diriges, tienes que estar pendiente de absolutamente todo. Eso significa que, si estás haciendo ambas, primero debes ser el personaje, mucho antes de siquiera intentar interpretarlo. Pero también significa que, si tendrás cualquier esperanza de poder concentrarte como actor, debes tener un plan de juego, y colaboradores con experiencia, que puedan presentarse cada día habiendo hecho todas sus preguntas, y listos para ejecutar”.

Fue exactamente eso lo que obtuvo con un reparto que incluye a Bruce Willis, Gugu Mbatha-Raw, Bobby Cannavale, Cherry Jones, Michael Kenneth Williams, Leslie Mann, Ethan Suplee, Dallas Roberts, Josh Pais, Robert Ray Wisdom y Fisher Stevens, así como Alec Baldwin y Willem Dafoe.

“Llegaron todas las personas que Edward tenía en mente, y no sólo eso, sino que presentaron su mejor actuación”, dice Migliore. “Cada uno aportó lo mejor de sí mismo, lo cual hizo que la historia fuera aun mejor”.

Después, Norton comenzó su acto de equilibrio. “La película se sostiene en la habilidad de la audiencia de conectarse e involucrarse con su inusual personaje principal”, continúa Migliore. “Y ver a Edward personificar a Lionel fue mucho más que emocionante. He tenido el privilegio de ver a Edward construir personajes particulares en tiempo real en el estudio en varias ocasiones, y lo describiría como una mezcla entre matemáticas avanzadas y jazz. Y que además tuviera la disciplina, la mente y la habilidad artística para poder moverse entre esto y su visión como director, trabajando con un reparto amplio y dinámico, fue extraordinario”.

La productora Rachel Shane agrega: “Fue increíble ver en el estudio la manera perfectamente integrada en la que Edward podía cambiar, en un instante, de ser un director muy empático con sus actores y equipo, a ser un actor que personificaba perfectamente al personaje complejo que es Lionel Essrog”.

Para Baldwin, quien interpreta a Moses Randolph como un hombre con contrastes titánicos, la historia funciona porque todos sus colaboradores de reparto hicieron su mejor trabajo. “Cuando tienes un guion tan inteligente y complicado, tienes que buscar personas que de verdad puedan absorberlo todo, y eso es lo que hizo Edward”, dice.

Todos se sintieron inspirados con el detective gracioso, melancólico, hambriento de justicia e innovador que creó Lethem, así como con el mundo neoyorkino turbio de traición y pasión en el que lo sumergió Norton, y con el que creó un efecto resonante.

Mbatha-Raw dice: “Lo que Edward creó es una carta de amor a Nueva York temperamental, conmovedora y noir, así como un inusual viaje personal. Durante el camino, él incorpora problemáticas oportunas sobre la cultura, la gentrificación, la discriminación racial y la historia de las ciudades estadounidenses, pero todo se mira a través de los ojos de una persona vulnerable a quien la sociedad ignora”.

Norton se siente en deuda con quienes aceptaron su visión atrevida, y lo apoyaron tanto al frente como detrás de las cámaras. “Ésta fue una producción con un grado tan alto de complejidad, que nunca se habría logrado sin un grupo de personas tan profesionales en todos los niveles”, reflexiona. “Sentí que, en cada una de las dimensiones de la película, tenía un equipo de fantasía a mi alrededor. Sin duda alguna, fue uno de los mejores equipos de colaboradores con el que he tenido el placer de trabajar en toda mi carrera”.

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